De autónomo a sociedad: cuándo merece la pena estudiar el cambio
Constituir una sociedad puede ser una buena decisión, pero no existe un punto universal de facturación a partir del cual sea automáticamente conveniente. La respuesta depende de cómo funciona realmente la actividad.
La fiscalidad es sólo una parte
Comparar IRPF e Impuesto sobre Sociedades puede ser útil, pero una sociedad añade obligaciones contables, mercantiles, administrativas y de Seguridad Social que también deben valorarse.
Importa qué se hace con el beneficio
No es lo mismo necesitar retirar prácticamente todo el resultado de la actividad para gastos personales que poder mantener recursos dentro de la empresa para invertir o crecer.
Riesgo, socios y estructura
La entrada de socios, la contratación de personal, la necesidad de financiación o la exposición a determinadas responsabilidades pueden hacer que la forma jurídica cobre más importancia que el ahorro fiscal inmediato.
El cambio debe diseñarse
El paso de actividad individual a sociedad puede implicar transmisión de activos, contratos, facturación, altas y bajas, cuentas bancarias y relaciones con clientes o proveedores. Conviene planificar la transición.
La pregunta correcta
Más que preguntar «¿a partir de cuánto compensa una sociedad?», conviene analizar qué estructura necesita la actividad y cuál es el coste total —fiscal, administrativo y organizativo— de cada alternativa.
